El dolor que no curan los ángeles

Camina el cortejo por la ancha avenida de Rancho Boyeros y la gente está desde la madrugada a la espera del momento. Hay que ir! ,dijo un vecino, esos hombres son gigantes!.
En la patria restos mortales de los 32 cubanos caídos en Venezuela
Desde que en Cuba llegaron las noticias del fatídico 3 de enero cuando los yanquis irrumpieron en Caracas sin permiso, ni moral, las lágrimas se mezclaron con la furia, el dolor y el honor por los 32 cubanos que alzaron más que coraje ante el ataque.
Camina el cortejo y los rostros de quienes acuden silenciosos se contraen, hay puños que se cierran y ojos que se nublan en una respuesta que no necesita pancarta y cruza el mar como el grito del guerrillero en el cañaveral de Alegría de Pio.
El dolor crece y se multiplica, dijo Fidel en aquel multitudinario acto cuando el terrorismo asesinó a 73 seres humanos en el vuelo de Cubana frente a las costas de Barbados, el mismo terrorismo en pleno siglo XXI que arrebata la vida de 32 hijos, padres, hermanos, amigos.
En la avenida de Rancho Boyeros antes de la salida del sol el pueblo de La Habana amanecía porque 32 cubanos corajudos se batieron duro y la patria los recibe con honor y gloria.
Avanza el cortejo y las banderas se despliegan en un grito ahogado, es un grito de paz; pero es también un mensaje de ¡alerta ! Aquí hay hombres y mujeres con los ojos abiertos y las mochilas detrás de la puerta, aunque evoquen al poeta y este dolor no lo curen ni los ángeles.
Fuente ACN
